21/10/2009

El Holandés Errante


- Viajar ha sido uno de los impulsos de los hombres incluso antes de que tomaran conciencia de sí mismo. Ir a otros lugares para prosperar en su fortuna. Algo que, en sí, es una de las claves de su propia supremacía ante las otras especies: la humanidad siempre tiene locos que deciden huir de la seguridad del nido y encontrar el paraíso.
" Y, ¡por el Profundo!, parece que en mi tierra se concentraron algunos de los más locos. Tal vez fueron las guerras que engendraron tantos bastardos hasta conseguir arrancarse el yugo del Imperio, pero ciertamente el ingenio hizo que muchos de nosotros recorriéramos el mundo para conseguir llegar a las tierras más lejanas."
"Pero, el mar tiene sus reglas, sus misterios, y en verdad algo de brujos debíamos tener los osados capitanes que nos atrevíamos a enfrentarnos a sus tormentas, dominar sus corrientes y explorar aquellos lugares secretos que encerraban la inmensidad de sus aguas. ¡Ah, qué placer mirar las miradas de asombro cuando desembarcábamos y desplegábamos las maravillas en el puerto! ¡Cuanto poder absorber las envidias de los que no se atrevían a abandonar la tierra firme!"
"Pero tantas veces burlé a la Muerte, tanto la desprecié, que un día me maldijo."
"Ocurrió intentando doblar el Cabo de Buena Esperanzaotro que antes de mí llamó 'de Las Tormentas'". No sé si tú crees en Dios, pero yo creo en el Mar, y lo que vi ante mis ojos sólo puedo describirlo como Lucha de Gigantes, donde mi pobre barco no era más que un mosquito evitando golpes. Mi tripulación, los que no habían caído por la borda, estaban ya todos rezando y llorando como magdalenas, abandonando todo intento por gobernar la nave. Yo los maldecía, y pelée en vano por que volvieran a sus puestos. Ninguna amenaza o súplica, de todas las que había aprendido en mi vida, sirvió para hacerlos entrar en razón."
"Es más. Loco me llamaron ellos a mí por persistir en tentar al Destino. Y fue entonces, cuando la ira crecía en mí, que ella...Ella..."


Algo en aquella figura oscura se estaba quebrando, y Bernardo deseó con todas sus fuerzas que aquel angustioso momento de silencio acabara...

30/09/2009

La nave de los locos


- Ven aquí, loco. Ven y te presentaré a tus compañeros de viaje. Aquellos que en este barco huyen del diablo mundo para crear, o buscar, otras reglas.
"Como ser inmortal, tus pasos te habrán unido en el camino a todo tipo de seres, pero créeme, pocos como los que vas a encontrar aquí: exploradores, profetas, científicos, artistas, conquistadores, evangelizadores, comerciantes y muchos que, entre balbuceos, no acertarán a darle un nombre a su profesión."
"Sígueme y comencemos. Empezaré por presentarme a mí mismo. Llámame Falkenburg, Capitán Falkenburg. Pero todos me llaman 'El Holandés Errante'"

19/01/2009

Huida en picado


Bernardo cae al vacío desde las murallas de Dubrovnik, y sabe que no va a morir.
Porque ya está muerto, y hace mucho, mucho tiempo.
Es un vampiro loco, y por eso mismo debemos comprender que no esté ni tan sólo pensando en las frías aguas del mar que parecen esperarlo abajo. Locos como él piensan en este momento en detalles sin aparente importancia, como en los ojos de una joven guía envejecidos por el trauma de la guerra, las preguntas morbosas de los turistas, los niños que caminan a vender de buena mañana labores que sus madres hacen en casa, … Le asaltan las dudas que sean suyos esos recuerdos. ¿No debería pensar en la maldición que lo ató al destino de esta ciudad hace tantos siglos?
Todo se funde de repente con el sonido de las bombas que destrozaron esta ciudad hace 15 años, los bloques de piedra desprendiéndose de los edificios, ese caos que tanto aman los Malkavian pero que sólo los hombres saben despertar contra sí mismos. Y se da cuenta de que no es la memoria, sino el presente el que provoca ese ruido.
Allí arriba la Maldición está rompiendo las murallas para ir en su busca. Y Bernardo chilla como todos los condenados. Agita su cuerpo, lo arquea, sabe que le queda ya poco tiempo y que no debe dejarse vencer por el pánico. No, no ganará ese maldito judío…
Aterriza en el barco que vio desde las murallas. A los pocos segundos oye un tremendo chapoteo en las aguas y sabe que ha ganado la partida. Encorvado, explota en una risa histérica con lágrimas de sangre surcando su cara.
No dura mucho, sabe que lo están esperando. Se levanta y lo primero que encuentra es a un hombre ataviado a la antigua usanza de las tierras del Norte de Europa, melena rubia, mirada gris y porte orgulloso. Sin duda, el capitán que le saluda en varios idiomas hasta que al fin habla en un castellano de marcado acento protestante:
- Bienvenido al Barco de los Locos.

15/09/2008

El Loco

"Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero. Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquiilos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente: –¡El loco! ¡El loco! ¡El loco! ...Delante está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos – ¡tan lejos de mis oídos! – se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte... Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos: –¡El lo... co! ¡El lo... co!"

Juan Ramón Jiménez, Platero y Yo

El viejo vampiro loco mira el mar desde las murallas de Dubrovnik, en la noche de Croacia. El rumor de las olas es una de las pocas cosas que consiguen calmarle, como algo que pone orden en su memoria alucinada. Nunca ha conseguido vertebrar un relato coherente de su no-vida. Si acaso, pudo escucharla aquella vez que el Sr. Sotomonte lo explicó a aquella pareja extraña, en aquel encuentro de hará casi un año.
El sonido hipnotizador trae con cada golpe de mar imágenes de recuerdos: hogueras, compañeros, Castilla, Praga, Bizancio, la Cuarta Cruzada, los demonios, los lobos, los hijos exiliados de Jacob, y esa maldición que le hizo huir hasta esta ciudad de altas murallas, sólo para descubrir que se había vuelto prisionero.
Pero si el lenguaje del mar no le engaña, eso pronto cambiará. A medida que recibía la visita de la memoria, el aire se ha ido tiñendo de incomprensibles alaridos, juramentos e invocaciones, mientras una nave se va acercando a las murallas. ¡Es hora de escapar!
El viejo vampiro loco salta en silencio al vacío.
Es hora de volver a encontrarse con el Sr. Sotomonte.

11/10/2007

Los Abrazados


El hombre se unió con su esposa Eva, que quedó embarazada y dio a luz a su hijo Caín. Y dijo: “Ya tengo un hijo varón. El Señor me lo ha dado.” Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel se dedicó a criar ovejas, y Caín se dedicó a cultivar la tierra.
Pasó el tiempo, y un día Caín llevó al Señor una ofrenda del producto de su cosecha. También Abel llevó al Señor las primeras y mejores crías de sus ovejas. El Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín y a su ofrenda, por lo que Caín se irritó mucho y torció el gesto.Entonces el Señor le dijo: “¿Por qué te has irritado y has torcido el gesto? Si hicieras lo bueno, podrías levantar la cara; pero como no lo haces, el pecado está esperando el momento de dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a él.”
Un día, Caín invitó a su hermano Abel a dar un paseo, y cuando los dos estaban ya en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín:
–¿Dónde está tu hermano Abel?
Caín contestó:
–No lo sé. ¿Acaso es mi obligación cuidar de él?
El Señor le dijo:
–¿Por qué has hecho esto? La sangre de tu hermano, que has derramado en la tierra, me pide a gritos que haga justicia. Por eso, quedarás maldito y expulsado de la tierra que se ha bebido la sangre de tu hermano, a quien tú mataste. Aunque trabajes la tierra, no volverá a darte sus frutos. Andarás vagando por el mundo, sin poder descansar jamás.
Entonces Caín respondió al Señor:
–Yo no puedo soportar un castigo tan grande. Hoy me has echado fuera de esta tierra, y tendré que vagar por el mundo lejos de tu presencia, sin poder descansar jamás. Y así, cualquiera que me encuentre me matará.
Pero el Señor le contestó:
–Pues si alguien te mata, será castigado siete veces
Entonces el Señor puso una señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que lo encontrara. Caín se fue del lugar donde había estado hablando con el Señor, y se quedó a vivir en la región de Nod, que está al oriente de Edén.
(Génesis IV, 1-16)

Querida Nuramai,

demasiados días han pasado desde que tuvisteis noticias de mis andanzas. Bien habréis adivinado, sobretodo tú, que no ha sido por voluntad mía, sino a causa de las grandes dificultades que han aparecido en mi viaje. Ahora, pausa a pausa, voy escribiéndote estas líneas que espero puedan llegarte antes de fin de año.
El frío entumece mis dedos desde la pensión en la que me hallo. Lejos quedan los palacios de Venecia y Dubrovnik, pero debo volver a ésta última ciudad para continuar mi relato.
Recordarás mi grito de sorpresa al averiguar quién era el personaje que nos encontramos en las calles de la añeja ciudad croata. Tal vez no venga a tu memoria quién era Bernardo de Toledo, así que soplaré aire caliente en mis manos mientras abrigo mi cuerpo con la capa mientras me dispongo a llevarte a ti y a los otros lectores a una historia diferente de la que nos han contado, una que muchos tacharán de locos...
Sabes que uno de los elementos fundamentales de muchos mitos es la sangre: desde la surgida por los Dioses para crear a los hombres hasta la derramada entre éstos mismos para honrar su propio ego. Y entre todos los seres relacionados con el fluído vital ninguno tan horrendo y atrayente al mismo tiempo como el Vampiro.
Cuentan los libros que tal ser es descendiente claro de la experiencia de los antecesores del Homo Sapiens sobre la relación entre el jugo rojo y la vida de casi todo ser viviente, o posiblemente fruto del miedo a algunas enfermedades (tal y como cuenta la Dama Blanca en su bitácora). Explican también que el avance tecnológico de las primeras culturas redujo muchos ritos y costumbres a supersticiones y así lo reflejaron en la Historia. Así, encontramos leyendas sobre cazadores del fluido vital en los mitos mesopotámicos, egipcios, chinos, mapuche, aztecas, hindúes, griegos, ... Todos estos ritos parecieron arder, no en las hogueras de la Inquisición medieval, sino en la luz de la Ilustración. Pero el propio fracaso de la Sociedad para eliminar las oscuridades del Sistema de Clases provocó que la maldad tomara cuerpo en forma de monstruos románticos: junto al moderno Prometeo apareció de nuevo el Nosferatu, quien no ha descansado en la literatura y el cine hasta hoy día .
Así nos han contado este mito los libros. Pero de la inspiración de una de las últimas reencarnaciones vampíricas, Lestat y su corte, surgió una saga de juegos de Rol que renovó el concepto de esta modalidad de entretenimiento. Pues el éxito de las novelas de Ann Rice, que Mark Rein-Hagen supo trasladar al Mundo de Tinieblas de la editorial White Wolf, fueron los conflictos de personalidad en personajes sobrehumanos, depredadores de hombres en un mundo dominado por el mal, en los que ellos luchaban por retener su reducida humanidad frente a su nueva condición de no muertos. Así, conceptos como Naturaleza, Camino, la Bestia Interior, aparecieron en la mente de los roleros, quienes viajaron a una nueva historia que comenzaba en los tiempos de Caín, el primer Rebelde.
No, no voy a extenderme mucho más: ya casi no me siento los dedos y en cualquier momento la pluma caerá sobre la mesa. Por los vastos mares de la Red de Redes hallarás alguna copia del Libro de Nod. Allí hallarás una sugerente variante de Los Primeros Días. Sólo te adelantaré, para seguir con mi explicación, que Caín inició toda una jerarquía de Abrazados divididas en clanes, cada uno con sus poderes y maldiciones: unos no mostraban reflejo ante el espejo, otros podían moldear a su voluntad la carne humana, aquellos mostraban sin pudor su condición de bestias, etc.
Se repartieron el mundo en principados, y cada Regente gobernaba su territorio, sus chiquillos y su rebaño, envuelto en luchas por el poder no sólo contra otros, sino contra su propia progenie, pues la Sangre de Caín alberga su misma Rebeldía. No sólo en nuestro siglo (como reflejan La Mascarada y Requiem), sino también en el medioevo (ambientado a través de Edad Oscura... y no os puedo decir si de aquí salió la inspiración que dio nombre a mi bitácora).
Bien pues, en la Edad Media y de mi mente nació Bernardo de Toledo, monje enloquecido como tantos que hubo en aquella época plagada de contradicciones entre la Iglesia Católica y el mensaje de Cristo que los monasterios guardaban con el celo de los coleccionistas de arte.
Es ya muy tarde. Mis manos se niegan a seguir, tan sólo para acabar este último párrafo. Intentaré acabar esta historia en mi próxima carta, tal y como se la narré a Stella y Eumeo después de mi reencuentro con el vampiro.

Imagen 1: Caín y Abel — atribuido a Vouet y a Pietro Novelli. @Organelle
Imagen 2: Wiligelmo, bassorilievo in marmo, sec.XII, Duomo di Modena. @Bramarte
Imagen 3: Vetala, espíritu hindú. @Hija de la Luna
Imagen 4: Portada del Libro de Nod. @Milenario Comics

07/10/2007

Sombras a la luz

Dubrovnik dormía el sueño de las ciudades sin tiempo. Una ligera bruma desenfocaba la decoración de las fachadas iluminadas del casco viejo, mientras la fría humedad calaba hasta lo más profundo de los huesos. El bullicio habitual del turismo se había reducido a algún grupo perdido de borrachos cuyas risas y tropiezos rompían el silencio de la noche. Y, de tanto en tanto, se sentía el ulular de las sirenas lejanas de los barcos entrando y saliendo del puerto.
Me dirigía al lugar donde había quedado con Stella y Eumeo, quienes se habían adelantado mientras yo acababa de hacer mis cuentas con el tabernero. Al mismo tiempo que apresuraba los pasos mi mente bullía en proyectos acerca de los lugares adonde me proponía viajar, en la región oriental del Mediterráneo: Corfú y las Islas Griegas, Turquía, tal vez Egipto, o tal vez el Mar Negro a través del Bósforo, ...
Casi sin darme cuenta, me encontré con Eumeo, quien talmente hubiera parecido un pedigüeño de no ser por hallarnos ya lejos de la zona más turística del casco viejo, al lado de la antigua judería. Me saludó y hizo seguidamente un gesto con su mano pidiendo paciencia, señalando seguidamente a un oscuro callejón. Ante mi gesto de duda, pronunció una palabra que seguramente tenía pleno significado en su extraño idioma, pero que a mí sólo me sonó al griego que había oído pronunciar a mis conocidos de letras. La constatación de mi ignorancia sólo provocó que soltara un bufido y cruzara los brazos. Creo que en el silencio que siguió debió de oír los chirridos de mi oxidada máquina mental intentando deducir qué demonios intentaba decirme...
"A ver, piensa, mi querido Sotomonte... ¿En qué situación una mujer le pediría a su acompañante que vigilase el paso mientras ella se interna sola en un callejón oscuro a plena noche?"
Y entonces recordé que Stella había bebido bastante en la taberna y en ningún momento la marinera había ido a "achicar las aguas". Comencé a reir, haciendo que Eumeo se girará de repente hacia mí y, al verme, cambiara su ceño fruncido por una sonrisa cómplice.
Y, de repente, un fundido en negro interrumpió mi risa y ante mis ojos cruzó una imagen..
Fue sólo un instante, pero supe, tuve el presentimiento, que algo andaba mal... Me dirigí al callejón donde había ido Stella, haciendo a Eumeo un gesto para que me siguiera, pero él ya estaba corriendo para allá, increíblemente ligero. Enseguida me adelantó y mientras me adentraba en las sombras pude ver que, en un rincón dos figuras humanas (una de ellas sin duda femenina) parecían fundirse en un beso.
Sólo que no era un beso. Stella ofrecía su cuello desnudo a un personaje vestido en hábito de monje, del cual sólo podía distinguir su larga y blanca cabellera. Ninguno de los dos hizo el más mínimo gesto de advertir nuestra presencia.
Entonces atacó Eumeo y lo vi convertirse en un dios. Pareció crecer en estatura y juventud, su tez más morena, más recia la mandíbula y los movimientos sin duda eran los de un atleta. A mi mente vino una frase leída mucho tiempo atrás:
«Forastero, ahora me pareces distinto de antes; tienes otros vestidos y tu piel no es la misma. En verdad eres un dios de los que poseen el vasto Olimpo. Sé benevolente para que te entregue en agradecimiento objetos sagrados y dones de oro bien trabajado. Cuídate de nosotros.»
Y no había duda que así lo haría. Del bulto de su espalda sacó una espada de reyes y dejó caer el resto al suelo. El ruido sacó al monje de su ensimismamiento y todo se volvió un confuso agitar de formas y chocar de metales. O debería haberse vuelto.
No entendía cómo podía seguir lo que sin duda eran movimientos de endiablada celeridad de ejecución. Pero lo cierto es que acerté a ver cómo el enemigo sacaba un enorme cuchillo con el que consiguió parar un mandoble que hubiera partido montañas. Un momento de forcejeo, se midieron las fuerzas y comenzó un intrincado baile en el que los dos contendientes giraban alrededor del cuerpo caído de Stella, aún inconsciente.
Un latido sonó en mi pecho.
No entendí cómo, pasé entre los dos luchadores y saqué a Stella del círculo de combate. La criatura, lo que fuera ese ser con el que nos habíamos topado, dio un chillido de rabia y gritó en un arcaico español:
- ¡Maldito seáis, Sr. Sotomonte! ¡Inmunda némesis del Mesias de Sangre!
Un segundo latido, y Eumeo aprovechó la distracción de su rival, para golpearle con su antebrazo y derribarlo en el suelo. El monje intentó levantarse sin casi dar muestras de aturdimiento, pero el filo de la espada apuntando a su cuello le hizo cambiar de idea. Eumeo nos miró un momento, Stella parecía recuperar su consciencia, y alzó la espada presto a sesgar la cabeza del caído.
Tercer latido. Y con él tres revelaciones:
El origen de mis pesadillas. El de mi súbita velocidad. Pero sobretodo, quién era el monje...
Las palabras surgieron por sí solas...
- Deteneos, Eumeo. ¡No debéis matar a ese no-muerto!
Todos me miraron, incluyendo a Stella, ya despierta. Suspiré y hablé al monje.
- Tú eres Bernardo. Bernardo de Toledo.- suspiré - ¿Qué extraño destino te ha traído a este lugar desde tu Edad Oscura, vampiro loco?

(Foto 1 @Megsona. Foto 2 @Zecco. Foto 3: @historiaste.net. Foto 4: escena de El Nombre de la Rosa)

01/10/2007

“Dicebamus hesterna die…”

Las previsiones pocas veces se cumplen cuando se trata de crear. Y menos cuando el tiempo libre se disfruta tan escasamente. Muchas razones me han privado de dejar por escrito los viajes por las Edades Oscuras, pero tal vez haya sido mejor para dejar a la Musa organizar esas historias en mi mente. Así que tomo prestada la frase tradicional atribuida a Fray Luis de León, y os pido volváis acompañarme a esa oscura noche de Dubrovnik...

(Foto: LongEnough)